domingo, 10 de abril de 2016

Los rostros de Suramérica. Dibujos de un viaje mochilero


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Municipalidad de Chachapoyas, Perù.

Luego de perder mi cámara comencé a dibujar los recuerdos de mi viaje por Suramérica. En la ciudad de Cuenca, al sur de Ecuador, me despidieron de mi trabajo como recepcionista de un hostal. Allí comencé a vagar por las calles y las montañas en busca de historias. Estos retratos son una colección de vidas cotidianas, son el arte y la literatura en carne viva. El dueño de un restaurante que fue guerrillero, la madre que perdió a su hijo bajo un alud de tierra, un escritor gringo en el Amazonas, las víctimas de la guerra y la soledad. 




Ya en Perú, viajé por la carretera hasta que no hubo más carretera. A dedo, los camioneros me transportaban a cambio de una conversación. En general, la espera es poca. Pararse a la orilla de la ruta, con la mochila a los pies y el pulgar extendido, hasta que algún vehículo se detenga.  Conocí pequeñas poblaciones y hermosos paisajes antes de llegar a mi objetivo, Iquitos, una ciudad aislada en la selva peruana. Entre ellos, Chachapoyas, Cocachimba, la cascada de Gocta, la laguna de Pomacocha, Moyobamba, Tarapoto. Y la última parada en este trayecto al Amazonas peruano fue el puerto de Yurimaguas, desde donde tomé un barco a Iquitos. No había ya camioneros que me acercaran a esta ciudad, pues no hay más acceso que aéreo o acuático. El viaje de ida fueron 5 noches por el río Marañón hasta atracar en el río Amazonas. En Iquitos pasé un mes laburando en otro hostal. La salida fueron otras 5 noches en barco, bajando por el río Ucayali hasta la ciudad de Pucallpa. En una de esas noches, celebré año nuevo durmiendo en una hamaca contemplando los densos paisajes de la selva desde el barco.

Este es un resumen de mi itinerario, ya podrán enterrarse de más detalles con el libro que estoy preparando, en el cual se incluirán estos retratos e historias de vida, además de otros personajes y anécdotas.

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El señor Chuchuca.

Hace décadas el señor Chuchuca salió con un grupo de jóvenes ecuatorianos en apoyo a la revolución sandinista en Nicaragua.  Mientras recuerda cómo se embarcaron en Buenaventura, se acerca a mí con un almuerzo. Te lo regalo, me dice, entiendo que esos centavos te servirán más adelante en tu viaje, también mi viaje fue duro. Ya en Nicaragua, conoce a Antonio Navarro Wolf, exguerrillero del M19 y actual político colombiano. Antonio, dice Chuchuca, se encargaba de buscar aliados y a veces llegaba con unos rifles ¡Bonitos esos AK47! Con la sensatez de la edad, Chuchuca no ha abandonado sus convicciones revolucionarias pero sí ha renunciado a los medios armados. Ahora tiene 3 hijos.  Ellos serán la sexta generación que herede estas tierras en las montañas del sur ecuatoriano, donde su familia ha abierto una fonda. Él atrae a los clientes y su mujer está pendiente de las ollas al fuego. Junto a las mesas, un jardín hermoso que esconde una amapola. Un cliente grita a Chuchuca: ¿no le pondrá amapola a la sopa o sí?


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David.

David viaja con una guitarra cubierta de firmas. La madre de David, siendo joven, viajó desde su natal Alemania a España para asistir a un encuentro scout. Ella traía una guitarra para cantar alrededor del fuego junto a sus nuevos amigos. La alegría de esas noches fue tanta que cada amigo dejó su nombre escrito en la guitarra de la alemana. Y entre tantos garabatos se lee 'Iñaki', quién sería el futuro padre de David. Ahora David toca esta guitarra por las calles de Suramérica a cambio de unas monedas. Poco a poco, la ciudad que lo ha acogido, Cuenca, se convierte de una canción de amor a una elegía que lo empuja a irse a Perú. Todas las canciones suenan tristes en su voz.



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Israel.

Voy empapelando la ciudad de Cuenca (Ecuador) con la publicidad del taller de historieta que organizo. Entro a una tienda para dejar unos volantes y salgo de allí con trabajo. Israel ha abierto su tienda de tatuajes hace dos meses y necesita ayuda con unos dibujos que me encarga realizar. Su pasión es el dibujo, por eso ha estudiado diseño gráfico. Recuerda que de niño su padre le regaló un carro, pero no jugó a las carreras, lo primero que hizo fue pintar el juguete. Israel sabe que ningún dibujante muere de hambre si se dedica a la publicidad, sin embargo, el dibujo al servicio de grandes capitales promueve el engaño a la gente. Y gracias a esta convicción pasó del pincel a la aguja, del papel a la piel.


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Rosamelia Vásquez de Chichipe.

Rosamelia me dice que jamás pensó perder a su hijo tan tierno. Ella abandonó su pueblito natal para que su hijo estudiara la escuela secundaria en Chachapoyas. Luego él se prepararía como militar profesional en Lima. El hijo de Rosamelia sirvió al ejercito peruano por 30 años. Murió un domingo con el uniforme puesto, un mes antes de jubilarse. Lo enterró un alud. La madre no puede cobrar la pensión de su hijo, pues la ley señala que para eso el soldado debe morir en servicio. La muerte ocurrió un día de descanso. La ley peruana prohíbe a los militares morir los domingos. Ahora Rosamelia llora frente a mí, sentada entre los abarrotes y sacos de granos que vende para sobrevivir. Me dice que vuelva mañana a su puesto del mercado, pues traerá una foto de su hijo.


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Dag Walker.

Dag, escritor norteamericano, llegó a Iquitos a descansar unos días de su viaje por Sudamérica. Esos días se hicieron tres años y medio sumergido en la selva peruana, tiempo en el cual ha escrito 7 libros sobre la extraña ciudad de Iquitos. Sentado frente al hostal donde nos hospedamos, me cuenta que hay otros escritores en el Amazonas pero que ya han perdido la razón. Saca una bolsa de cigarrillos de mapacho, el tabaco que crece en la selva. Enciende uno.  Luego pelea con el casero porque debe un mes de renta. Yo debo servir de traductor entre los dos. Dag ha escrito un texto publicitario para el hotel de una rica señora limeña pero ella no le quiere pagar. Así que el casero tendrá que morderse la paciencia un poco más. Para los demás inquilinos, Dag es un loco, por eso nadie le habla. Sólo yo, que escucho sus historias que mezclan las aventuras de Indiana Jones y las tragedias griegas.



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María.

Para María, Cocachimba ha sido un caserío aburrido y agricultor, hasta que hace pocos años un alemán abrió paso entre la montaña hacia la cascada de Gocta. Entonces el pueblo se hizo turístico. Ahora cada mañana María se pone su chaleco de guía turístico, contenta de que hay trabajo. Sin embargo, la noche llega con tristeza. Un vaso de vidrio se estalla en la pared de la cocina. Los gritos de María se entrecruzan con los de su segundo esposo, un comerciante que quiere llevarse el dinero de ella, dizque para invertir. Ella extraña a su primer esposo, que murió hace ya 12 años. Aunque el turismo le ha cultivado amistades de todas partes del mundo, la soledad le agobia. Sabe que si su primer marido estuviese vivo, todo sería diferente. Pero ella no puede contra la muerte y acompaña sus penas con el loro Pepe, que trata como a un hijo.



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Percy.

Durante los cinco días de viaje en lancha entre Iquitos y Pucallpa, más de 300 personas abordan y acomodan sus hamacas junto a la mía. A pesar de esta multitud que me rodea, me aíslo leyendo y pensando en silencio. Mi única compañía es el brazo o la pierna del vecino que invade mi hamaca. No obstante, la soledad es rota por una voz humilde: "¿qué estás leyendo?".  Las narices de Percy casi se meten en el libro. Se muestra tan interesado en la novela que se la regalo. Él, un joven de cuerpo sano y fuerte, viaja para buscar trabajo en las plantaciones de palma de aceite. En el barco son más de 50 hombres los que, como Percy, se dirigen a los campamentos de palma. Percy me explica que pasará sus días, ausentes de cualquier derecho laboral, macheteando la espesura de la selva y esperando el almuerzo que trae una camioneta, allá en medio de la nada. Él, que ya tiene algo para leer en los descansos, desembarca contento. Luego de unos meses volverá a casa. Yo ya he visto a los que regresan del campamento, traen el cuerpo destrozado y exhausto.

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César.

En 1999, César recibió tres disparos detrás de la estatua de Pedro de Bastidas que adorna la ciudad de Santa Marta. Allí, en el caribe colombiano, ha trabajado como artesano por años. Vendía ranas que manufacturaba a partir de conchas marinas. Cada semana debía pagar 5 mil pesos a los paramilitares. Un día el dinero no le alcanzó para pagar este supuesto impuesto por la seguridad. Entonces las tres balas no se hicieron esperar. Como víctima de la guerra, marcha a Venezuela y Brasil, donde trabaja como minero, cotero, marinero. Pasa 15 años de errancia y exilio. Él. recién deportado de Ecuador, desea volver a su natal Leticia a través de la selva peruana. No tiene dinero para pagar la lancha que lo lleva de Iquitos a Leticia y un norteamericano que comprende su historia le alcanza un billete de 100 soles.



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La tripulación.

A César lo conozco en la lancha en que viajo de Yurimaguas a Iquitos. Iquitos es una ciudad aislada en la selva, de una cultura tan criminal como Nueva York y tan mágica como Macondo. En esta lancha conozco a un grupo de viajeros que hacen divertidas las largas jornadas en los ríos amazónicos. Y como César nunca se aprende nuestros nombres, siempre nos llama de acuerdo a nuestra nacionalidad. ¡Argentina, venga para acá! ¡Deje de coquetear con las francesas y comparta un cigarro conmigo! Unos meses atrás, Argentina renuncia a sus estudios de ingeniería luego de una crisis nerviosa y emprende un viaje para relajarse. Pero no logra mucha tranquilidad, pues César siempre interrumpe sus momentos de paz. Tan extrovertido como César es Perú, un artesano llamado Miguel, que compite con Venezuela, a ver quién canta más canciones. Perú me dice, oye Colombia, eres extraño, por momentos eres tan ruidoso como nosotros y luego de pronto te vas a tu hamaca a gozar del silencio. Yo acepto el cumplido, me voy a mi hamaca y al rato voy a conversar con las francesas. Les pregunto ¿qué es la culpa? Y responden sacando una bolsa de tabaco que ellas mismas cultivaron.


OTROS ENLACES:

PERDÍ MI CÁMARA, MEJOR DIBUJO EL VIAJE POR SURAMÉRICA

UN CUENTO PARA LOS QUE TIENEN MIEDO

LA NOSTALGIA DEL VIAJERO EN EL MUELLE DE GUAYAQUIL

HISTORIETA: CÒMO SOBREVIVIR A LA DROGA, LA POLICÍA Y LA FAMILIA



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3 comentarios:

  1. Colombia me encanta estar aquí =) Perú

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  2. Contando y compartiendo historias a través de una vista diferente como seria el plasmar un recuerdo en una imagen dibujada por alguien que solo guarda su esencia y su estilo.
    Saludos
    ESTEFANY


    alquiler fincas lago calima


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    Respuestas
    1. Hay que compartir historias. Gracias Estefanny.

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